
(Este texto forma parte de un estudio más amplio que está en revisión del comité científico de la Fundación de Investigaciones Sociales. A.C. en la Ciudad de México, para su publicación)
De la población total sonorense (2.3 millones de personas) el 65.5% (1.5 millones) consume alcohol. Al interior de esta cifra existen alrededor de 858.7 miles (57%) considerados bebedores responsables, 512.2 miles (34%) abusadores de alcohol y 135.6 miles (9%) alcohólicos propiamente dichos.
Durante 2005, el 42% (341) de los fallecimientos (804) en el Estado de Sonora se originó por accidentes automovilísticos. Según la Secretaría de Salud, la relación entre el volante y el alcohol sigue provocando 80 de cada cien accidentes viales. Además, la violencia en la pareja que se registra en Sonora es la más alta observada en una muestra de 11 entidades evaluadas en 2004 por el Instituto Nacional de las Mujeres, trabajo que evidenció al alcoholismo como uno de los detonantes principales de este tipo de violencia.
Por el lado de la demanda, el consumo de bebidas de alcohólicas en la población sonorense destaca por el predominio de la cerveza. Según datos oficiales, consumimos en promedio 68.7 litros de cerveza por persona al año, cuando la media nacional es de 48 litros; además, por cada litro de leche, los sonorenses consumimos poco más de dos litros de cerveza al día. La población juvenil sonorense bebe a edades cada vez más tempranas, y su consumo excesivo repercute en los índices de morbi-mortalidad y en el costo social.
Por el lado de la oferta, se sabe que en 2006 se estima erogar por concepto de expedición y revalidación de licencias para venta de alcohol en el Estado de Sonora, un monto $23.4 millones, monto superior a los 20.9 millones erogados en 2005. Además, mientras que en 1998 existían en Sonora una licencia operando por cada 603 sonorenses, seis años más tarde, en 2004, esta relación disminuyó a una licencia por cada 336 personas.
La lucha contra el alcoholismo en Sonora es coordinada por el Consejo Estatal contra las Adicciones del Estado, organismo auxiliar del Poder Ejecutivo, integrado por representantes de los sectores público, social y privado.
Como se observa en nuestro estado de Sonora, están en juego algunas variables que debemos poner en su propia dimensión para ver cómo interactúan entre sí. Por un lado hay una demanda identificada y una oferta que la satisface. Junto ello, coexisten mecanismos de intervención gubernamental que inciden ambas. Las consecuencias no deseadas de ese interjuego corresponden a las fallas del mercado, mismas que definen la intervención gubernamental. Sin embargo, el gobierno también falla y es precisamente eso lo que justifica el presente análisis.
Estructuración del problema
El problema del alcoholismo pertenece a un sistema de problemas, en el cual resulta crucial identificar los actuales hábitos en el consumo de alcohol como una construcción social que inicia cuando asignamos un determinado rol a las bebidas alcohólicas en nuestra existencia. De este modo, si el consumo de alcohol es una necesidad construida socialmente por consumidores y oferentes, también puede ser reconstruida por ellos mismos mediante formas menos costosas y más cooperativas, según la línea de argumentación desarrollada en los distintos temas de este blog.
Aclarado lo anterior, nuestro propósito es proponer una modelación del problema en términos de las fallas del mercado y del gobierno, según lo describen los siguientes diagramas:

Referencias:
Berger y Luckman (1991), La Construcción Social de la Realidad, Amorrortu , Buenos Aires.
Dunn, William (1994), Public Policy Analysis. An Introduction, New Jersey, Prentice Hall.
Weimer y Vining (1999), Policy Analysis. Concepts and Practice, New Jersey, Prentice Hall.